Francisco Peró, La visión de un hombre que excede su imágen, 2025

“El gato es críptico y cercano a cosas que los hombres no pueden ver”. La cita de HP Lovecraft resuena en mi mente mientras observo una de las pinturas de Francisco Peró en la Galería NAC. En la imagen, un gato grisáceo con cola de mapache y rosetas de leopardo arquea su cabeza para contemplar algo que pareciera encontrarse fuera del cuadro. Quizás mira la escena que cuelga de la pared adyacente a aquella en la que se despliega su micromundo: una especie de sala de espera del futuro, habitada por un hombre y seis mujeres. Tal vez solo se trate de cinco, ya que el torso de una de las mujeres emerge de la cadera de la que se encuentra detrás.

¿Serán dos versiones del mismo personaje?

Esta pregunta se extiende por toda la sala, en la que los sujetos retratados aparecen reconfigurados en distintos escenarios. La muestra se convierte en un mundo de posibilidades, en la que los cuadros se despliegan como portales multidimensionales. Cada uno representa una nueva posibilidad de tiempo y espacio, en el que pulsan, a su vez, incluso más escenarios, revelando los distintos potenciales de una misma dimensión. Anatomías que se deforman en un calidoscopio de ademanes indefinidos, movimientos inacabados.

Siguiendo la mirada del gato, me acerco a la pintura del salón futurista y me percato de que las manos del hombre aparecen borrosas. Estas sostienen un periodico con líneas de texto ilegibles, fragmentos de un glitch. Las manos del hombre como una alucinación artificial, el talón de Aquiles de las imágenes autogeneradas. El trazo de pintura, perceptible en cada cuadro, contradice la idea de una fotografía inventada.

Francisco Peró, Espacio en pausa, 2025

Pixeles como pinceladas, posibilidades de código como productos de la imaginación humana.

Estados de latencia, como los átomos en superposición en la teoría cuántica. Volvemos al felino a través del gato de Schrödinger.

Tal y como en el experimento del físico austriaco, los mundos creados por Peró se despliegan en un estado indefinido. La estabilidad narrativa no existe hasta que un observador define una línea de lectura, determinando su propia realidad externalizada. En el mundo subatómico, la realidad está en un constante estado de flujo, con partículas que se comportan de distintas maneras a la vez. No es sino hasta el momento de la medición de su interacción con sus entornos que la realidad se define. Para la percepción humana esto resulta raramente visible, ya que se requiere de un cambio macroscópico para ser apreciables.

Las pinturas de Francisco Peró habitan ese estado de latencia imperceptible, quizás únicamente visible ante los ojos de los gatos y la inteligencia artificial previo al momento de dar una respuesta: un mundo en el que la realidad y las ficciones conviven. Indefinida hasta que hasta que la imagen, al ser capturada por un ojo atento, se concrete en una historia.

El gato de Peró

Autor

Victoria Abaroa

Fecha de publicación

18 - 08 - 2025