Joseph Beuys. Se cuenta detrás del hueso, El espacio del dolor. Colección de Arte Contemporáneo Fundación "la Caixa", Barcelona. Imagen de caixaforum.org

Para escuchar el dolor debo habitar el silencio. Paréntesis sonoro dentro del cual logro hacerme consciente de mi propia existencia. Me invaden las ganas de abandonar esa semioscuridad desoladora, cuya única iluminación proviene de una ampolleta que brilla al centro de la sala. Más que un elemento de esperanza, percibo la luz del foco como una intromisión agresiva, evocando el hostigamiento propio de un interrogatorio.

En el fondo de mi cabeza, sé que mi cautiverio es temporal: que puedo pararme y dejar la instalación de Joseph Beuys en cualquier momento, pero algo me detiene. Mis pensamientos corren más rápido que mi intención de procesarlos, e imagino que estoy esperando ser torturada: que la sala del Caixa Forum es una celda apartada en la que me han confinado para regresar más tarde con la intención de martirizarme.

Me siento en el piso, sintiendo el frío bajo mis glúteos. Mi mente complejiza la historia de mi cautiverio imaginario, barajando la situación de un prisionero de guerra aislado o la de un ex soldado con neurosis de guerra condenado a morir en su prisión mental de desastres. Algunos rayados en las paredes parecen comulgar con mis sentimientos, haciéndome pensar en las incisiones en las prisiones con las que los reclusos cuentan los días: esperando, con la intención de poder escapar, o al menos con la esperanza de morir pronto. Otros rayados parecen tener un carácter más alegre, con nombres propios encerrados en corazones.

Las cicatrices de las paredes condensan una experiencia colectiva de alegrías y desgracias: rayados en una prisión en la que se contabilizan los días, los de él y los de ella, los tuyos y los nuestros. Los que yo nunca he tenido, pero que podría haber experimentado en otra vida. Amores que fueron, que perduran únicamente en los rayados, porque incluso en la más extrema miseria se establecen vínculos. En ese espacio condensador de miseria, el dolor personal se funde con el de la humanidad, creando un efecto acumulativo que intensifica la desolación evocada por el ambiente.

Advertir el movimiento de los músculos de mi garganta al tragar saliva, me retrotrae mi consciencia a mis sensaciones corporales. Me percato de los latidos de mi corazón, e imagino que todos los latidos se condensan en ese pulso, una frecuencia constante indicativa de eso que es la vida en la que todos coincidimos buscando escapar del sufrimiento.

En el espacio del dolor

Autor

Victoria Abaroa

Fecha de publicación

27 - 07 - 2025