Nombrado a partir de un invento de su padre para explicar un microorganismo marino, Fixilan se transformó en el universo de Paloma Maturana. A través de decenas de pinturas realizadas por la artista y su familia, la Galería Artespacio conmemora lo que habría sido su trigésimo séptimo cumpleaños, poco más de un año después de su fallecimiento. Mediante obras que conjugan sufrimiento y esperanza, la artista revive en el espacio expositivo, transportando a sus visitantes al mundo que ella concibió.
En un principio me pareció que la figura se desplomaba. El cuerpo lánguido de una chica con orejas de conejo se curvaba hacia abajo, colapsando su peso sobre la tierra. Su caída debió haber sido mortal, pues, como todos sabemos, la distancia entre las nubes y la tierra es enorme. El rostro de la víctima parecía confirmar mi lectura, insinuando su extinción en su mirada marchita. Impulsada por una especie de desesperación absurda, sentí deseos de rescatar al personaje que se desmoronaba ante mis ojos. La imposibilidad de interceder en la pintura me retuvo unos instantes más, permitiéndome realizar una lectura inversa.
El cadáver que en un momento me pareció descender con pesadez comenzaba a elevarse ante mis ojos, con su pecho arqueado hacia el final de la penúltima fase de su ascenso. Leído en esta dirección, el viaje trazado por el cuerpo de la coneja culminaba sobre la nube, invirtiendo por completo mi interpretación inicial. Esta ambigüedad narrativa atraviesa el estilo de Paloma Maturana, cuyas obras se exhiben hasta el 4 de enero en Galería Artespacio. Junto a ella, se presentan creaciones de su madre, Silvia Castro; su hermana, Elisa Maturana; y su padre, Bororo (Carlos Maturana). En el primer piso de la galería, la familia se reúne para conmemorar el cumpleaños número 37 de Paloma, fallecida el 6 de julio de 2023.
Hablando en un idioma gráfico familiar, las obras de Paloma se presentan como territorios de sorpresa, capaces de desplegarse en dimensiones vastas o diminutas sin perder su magnetismo. Ingresar a la exposición es transportarse a Fixilan, un mundo concebido por la propia Paloma donde el dolor y la maravilla coexisten, balanceándose sobre una delgada capa de esperanza. Este equilibrio permite un ambiente libre y ameno, ajeno a las lógicas del mundo ordinario. Paloma creó un espacio de libertad al que podemos acceder a través de sus pinturas, abiertas como portales hacia la trascendencia.
EL MUNDO DE LOS FIXIS
Posiblemente se trataba de un ácaro marino, pero su padre lo identificó como un Fixi, y ella decidió seguirle el juego. Paloma, de cuatro años, se desplazaba entre las rocas de la playa cuando un pequeño punto rojo captó su atención. Ansiosa, le pidió a Bororo que lo identificara, buscando clasificar lo desconocido. Sin saber qué responder, Bororo recurrió a la fantasía, inventando un nombre que fascinó a su hija. Tanto le gustó el término acuñado por su padre que lo adoptó como gentilicio para los habitantes de su planeta, una tierra que también bautizó en honor a estos diminutos organismos.
Al recorrer la exposición, descubrimos la diversidad que caracteriza a los fixis, seres que combinan rasgos humanos y animales en formas antropomórficas. Estas figuras, interpretables como personas disfrazadas o híbridos fantásticos, poseen un estilo reconocible por su ligereza. A menudo trazados con líneas sutiles, los fixis parecen vibrantes y coloridos, incluso cuando las telas que habitan carecen de colores explícitos. Sus variados atributos evocan la riqueza visual de un arco iris, aportando dinamismo a su mundo.
Uno de los primeros fixis que encontré al ingresar a la galería fue una figura pequeña. Aunque minutos después me toparía con decenas de bastidores de menor tamaño, la proximidad de esta tela a otra obra, que quintuplicaba sus dimensiones, hacía que su escala reducida resaltara aún más. Representaba a una niña osa sobre un fondo azul, cargando un letrero que anunciaba su presencia: “I’m here”. Este mensaje remarcaba su necesidad de ser vista, un deseo que parecía haberse cumplido en la tela mayor, donde una figura similar ocupaba el espacio con total protagonismo.
Mediante esta operación de montaje, se enfatiza la atención que la artista otorga a lo ignorado y lo invisibilizado, trascendiendo así la opacidad del sufrimiento universal. Frente a la pintura de la osa, me sentí vulnerable, como si ambas obras fueran reflejos en un espejo doble. Experimenté la pintura como un abrazo a la distancia, envolviéndome en la calidez de su pelaje. La osa no era yo, pero reflejaba mi fragilidad, conteniendo una soledad acumulada que he intentado silenciar.
Algo similar se percibe en otros trabajos, como una pintura Sin título que se ubica al frente de la osa. La tela me recordó a El jardín de las delicias, con su infinidad de escenas ilógicas a partir de las cuales construir relatos imposibles. En medio de las dispares situaciones se observan algunas particularmente humorísticas, como una coneja que se hace orejitas a sí misma y una cabeza colgando de una lámpara estelar. Estas figuras son fácilmente visibles, sin embargo, la tela exhibe otras con fixis diminutos que se ocultan en ventanas y arcos de medio punto. Posiblemente, al igual que la osa, esperando ser vistos.
En El jardín de las delicias de Paloma, la tierra, el infierno y el paraíso, representados en las pinturas de El Bosco, se fusionan en un único panel, sintetizando la vida con sus diversos matices. El sufrimiento se cuela entre las escenas humorísticas, generando un efecto doble en el que la liviandad de algunas imágenes mitiga las más oscuras, sin anularlas. Dinámicas como esta demuestran que Fixilan es un terreno integrador, donde la vulnerabilidad es acogida con ternura.
EN BUSCA DE LIBERTAD MENTAL
Hay quienes sostienen que Fixing a Hole es una canción sobre las drogas. Otros sugieren que la letra hace referencia a la remodelación de una granja en Escocia que Paul McCartney habría adquirido en 1966. Como toda interpretación artística, el significado podría abarcar todas estas teorías al mismo tiempo. Sin embargo, el cantante de los Beatles, una de las bandas que más le gustaron a Paloma, ha dejado algunos indicios que permiten conocer su interpretación personal de la canción. Aunque efectivamente está vinculada al uso de marihuana, su lírica va más allá de la droga misma, enfocándose en las necesidades humanas relacionadas con su consumo.
En Many Years From Now, McCartney reveló que la canción se refería a una búsqueda de libertad mental: un quiebre con las restricciones impuestas por otros, que permite a la mente divagar sin limitaciones. Adoptar esta actitud de vida permitiría reparar una falencia y propiciar un crecimiento espiritual independiente. Esta noción de reparación interna encaja a la perfección con el ambiente de Fixilan, pues, si se analiza la palabra desde su significado en inglés, como un compuesto entre el verbo “fix” (reparar) y el sustantivo “land” (tierra), se podría interpretar como un espacio de sanación. Fixilan sería, entonces, un terreno que no invisibiliza el malestar, sino que lo acoge y lo contiene, encontrando la maravilla en cada rincón.
Algo similar me ocurrió con el muro al fondo de la galería, donde se observa un conjunto de obras pequeñas. Estas contienen escenas que recuerdan a El jardín de las delicias de Paloma, distribuidas en diversas superficies y ordenadas en tres hileras. La última fila estaba compuesta por cajitas de cartón, que me recordaron los contenedores de joyería artesanal. En uno de los recuadros a la derecha de esta fila, me sorprendió un detalle. Compartiendo la experiencia del personaje principal del dibujo, descubrí una figura animalesca debajo de una alfombra rayada. Aunque no la identifiqué de inmediato, un zoom aplicado en otra de las cajitas me permitió apreciarla con claridad.
Se trataba de un cadáver de conejo dibujado a lápiz y pigmentado con tinta china azul, que parecía llorar la esencia evanescente del animal. Al igual que con la imagen reversible de la chica conejo, el impacto inicial de la escena me resultó desolador. Sin embargo, las letras manuscritas a su derecha me llevaron a replantear mi interpretación, destacando que lo muerto no es algo malo («The dead is not bad», decía el mensaje).
La observación me hizo percatarme de la inocencia en el rostro del conejo, que parecía haber muerto en libertad. Me sentí identificada con el niño de la otra cajita, sorprendido al encontrar el cadáver bajo su cama. Se trataba de un pequeño tesoro, resguardado en una cajita que acentuaba su valor.
UN CÍRCULO EN LA ARENA
El nombre de Paloma se repite en cada uno de los cuadros realizados por Bororo. A veces el mensaje es más directo, con las palabras “copiándole a” antes del nombre de su hija. El pintor descubre la operación que realiza, declarándose un imitador. Sin embargo, su trabajo es más una relectura que una copia, pues introduce elementos que delatan su autoría. A través de la mancha, el chorreo y la exageración en las proporciones, Bororo reimagina las obras de su hija, ampliándolas en bastidores que se exhiben junto a la imagen original. Así, emerge una serie de pinturas en conjunto que se desarrolla dentro de Fixilan a través del lenguaje propio de Bororo. En el espacio expositivo, estas se presentan como intervalos que no interrumpen el protagonismo de Paloma, sino que potencian su espontaneidad.
Algo similar ocurre en el tríptico realizado por Elisa Paz, quien alude al gesto de reparación mediante la confección de collages textiles. Superponiendo capas de vibrantes diseños e imágenes fantasiosas, como hongos jaspeados y flores coloridas, las cuales la sitúan dentro de la estética de Fixilan, Elisa descubre la reconstrucción a través de la puntada, haciendo calzar fragmentos de tela que cubren la superficie como parches. En el extremo inferior de la pieza central se encuentra otra de las imágenes reversibles de Paloma, que se exhibe independientemente en una esquina de la galería.
El grabado muestra a una figura situada en la mitad inferior del plano, justo por encima de un óvalo de fondo negro. Sobre ella se divisan cuatro nubes que parecen liberar nieve, cuyos copos se mezclan con flores a la mitad del recuadro. La figura parece estar cayendo a un pozo sin fondo, mientras su corporalidad es ascendida hacia el cielo. Se encuentra en un espacio liminal, un espacio de posibilidades que preserva la esperanza.
La ambigüedad propia de Fixilan se completa con las obras de Silvia Castro, cuyas pinturas minimalistas parecen contener la atmósfera del planeta, generando un ambiente climático mixto en el que los atardeceres de verano se entrelazan con la nieve del invierno. Respiro por última vez la atmósfera proveniente de las pinturas, finalmente dispuesta a retirarme de Fixilan para siempre.
Algunos días después, conversando con Bororo, descubriría una anécdota que me impulsaría a reinterpretar el mundo de Paloma: tenía seis meses cuando Bororo la llevó a la playa. Después de negarse a tocar la arena con sus pies, la niña pidió que su padre acercara su mano a la superficie, dibujando un círculo perfecto al tocarla. Para Bororo, el dibujo fue una especie de revelación.
— Vi que Paloma amaba ese círculo, que era Fixilan. Ella construyó su mundo durante toda su vida y, cuando estuvo listo, se fue a vivir ahí. Esa es la fantasía que me inventé para superar que mi hija se haya ido.
La reflexión de Bororo siguió rondando en mi mente, llevándome a replantear mis creencias espirituales. Siempre he sido de convicciones permeables, por lo que la visión de Bororo no me sonó del todo imposible. Tal vez, efectivamente, nos vamos a donde deseamos, adaptando las versiones del más allá según nuestras preferencias. Yo no me he creado ningún paraíso, pero me iría a Fixilan, si Paloma me lo permitiera. En cualquier caso, ya le agradezco a la artista por haberme permitido entrar en su mundo en vida, a través de sus pinturas.