En 2018, la ONU emitió un informe devastador que denunciaba al Estado de Chile por violar 13 artículos de la Convención sobre los Derechos del Niño. Inspirada por este documento, Mónica Súnico concibió el proyecto Inocente Silencio, conectando su experiencia de abuso con el que sufren niñxs del Sename. Concebida como un homenaje a las víctimas del Servicio Nacional de Menores, la exposición termina reflejando vulneraciones que persisten hasta hoy.

Mónica Súnico, Hegemonía y Supremacía. Foto: Macarena Ternicien

Una red de cadenas entrelazadas yace inmóvil sobre el suelo de cemento. Sus dimensiones equivalen a las de una cobija individual, de aquellas con patrones de rombos multicolores. Para crearla, Mónica Súnico se inspiró en una manta que le regalaron cuando niña, un preciado tesoro textil que aún conserva. Sin embargo, a diferencia de esa frazada, esta red de cadenas no puede dar abrigo. La sensación de frialdad que emana del material se intensifica con el video proyectado en la pared, donde la manta, convertida en un testigo mudo y tortuoso, cubre a una persona.

En el registro grabado en blanco y negro, Mónica Súnico entra en escena, caminando a paso firme. Su figura se desplaza de un extremo al otro antes de sentarse en el suelo y desplegar la trama. Se enreda de pies a cabeza, para luego adoptar la posición fetal. Inmóvil y con franqueza, observa a la cámara. Sus ojos permanecen abiertos y penetrantes, como si suplicaran, en silencio, que no la abandonemos.

Es la llamada de auxilio que contuvo en su interior durante más de 40 años, hasta que finalmente pudo confesar su secreto. Un grito ahogado subyace en su mirada, resonando constantemente, sin que el paso del tiempo haya atenuado su dolor. Es precisamente la existencia de esa necesidad inconfesada la que se removió en su interior al escuchar la voz de un niño pidiendo ayuda en medio de súplicas desesperadas. Estos gritos de angustia le llegaron a través de un audio enviado en el grupo de WhatsApp de las madres del colegio de sus hijos. El título del archivo era “Una noche en el Sename”.

Mónica no podía creer lo que escuchaba y decidió investigar las negligencias ocurridas en el Servicio Nacional de Menores, un organismo “encargado de proteger y promover los derechos de los niños, niñas y adolescentes vulnerados”. La promesa de cuidado se desmentía con cada informe y artículo que leía. Fue entonces cuando, tras una extensa investigación, creó una propuesta visual contundente bajo la curaduría de Arturo Duclos, cuya ruta expositiva comenzó en Santiago y sigue en la V Región, en el Parque Cultural de Valparaíso, donde se podrá ver hasta el 15 de noviembre.

Inicialmente concebido para el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, Inocente silencio comenzó como un proyecto de memoria destinado a honrar a las víctimas que murieron y sufrieron a manos del Estado de Chile. Sin embargo, con el tiempo ha quedado claro que no es un proyecto que se limite al pasado, sino que se extiende hasta el presente, manifestándose en la expectativa incumplida de una Mejor Niñez.

ESPERANDO REFUGIO

Durante su infancia, Mónica Súnico contaba los años que le faltaban para cumplir 30, la edad en la que esperaba haber aprendido a soportar la soledad. Se había vuelto demasiado dependiente de la compañía de Victoria, una mujer de origen mapuche que había llegado a su vida como enfermera, pero que pronto se convirtió en su mayor apoyo emocional. Victoria fue la única persona en quien Mónica confió sus secretos más profundos, pues fue también la única que le mostró afecto y comprensión genuina. Mónica nunca pudo ocultarse de ella: Victoria siempre lograba encontrarla, incluso cuando se refugiaba en su armario, anidada entre los pliegues de una manta de piel de oveja.

A la entrada del Parque Cultural de Valparaíso, la manta evoca una ruca mapuche. Está construida con una estructura de hierro y colihue, recubierta con más de 250 peluches de diversos tamaños y procedencias. Más que un refugio, esta ruca representa un espacio de encuentro y comunidad, un símbolo potente para el pueblo mapuche en el cual la figura materna ocupa un rol fundamental. La madre actúa como el pilar que sostiene la armonía universal, encarnando el regreso al balance esencial cuando el desequilibrio amenaza.

A través de Refugio, la artista alude a la maternidad indirecta de su adorada compañera, cuyo recuerdo aún hoy la fortalece. Al evocar a Victoria, le vienen a la mente las palabras del doctor Jorge Barudy: “Si bien hemos sido afectados por sucesos difíciles, no necesariamente hemos sido determinados por ellos. Su impacto depende de la contención que recibimos en el momento en que más lo necesitábamos”.

La contención de la que habla el doctor Barudy, experto en trauma complejo, es justamente la que les falta a más de 126 mil niños, niñas y adolescentes en el Servicio Mejor Niñez. La situación es aún más grave para quienes están en lista de espera, pues pueden pasar meses aguardando un cupo en los programas de protección. Una vez dentro, reciben terapias psicológicas con un plan de intervención, aunque esto no siempre da buenos resultados. La mayoría de los programas son mal evaluados por la Dirección de Presupuestos (Dipres) y no logran prevenir la reincidencia (La Segunda, 27 de septiembre, 2024).

Los factores de riesgo para la salud mental que surgieron con la pandemia, junto con el funcionamiento parcial de los programas, provocaron un aumento significativo en las listas de espera, cuadruplicando la cantidad de niños en esta situación desde la época del Sename. En octubre de 2022, el Programa de Reparación de Maltrato Infantil (PRM) registró la lista de espera más abultada, con 7.692 casos (Servicio Mejor Niñez, febrero 2023). En muchas instancias, estos niños aún conviven con sus agresores, enfrentando una espera que puede exponerlos a nuevos episodios de violencia y, en el peor de los casos, al riesgo de muerte por maltrato familiar, que representa un 25% de las muertes de este tipo (Silva, V., 30 de septiembre 2024).

Mónica Súnico, Celdas. Foto: Macarena Ternicien
Mónica Súnico, Almohada de obra Celdas. Foto: PCDV

(SOBRE)VIVIR EN UNA CELDA

Ocho listones de un somier se proyectan sobre el suelo de la sala, evocando los barrotes de una celda. La figura se expande al combinar las sombras de siete literas. Bajo la luz artificial directa y rodeadas de paredes de cemento, estas estructuras cotidianas adquieren un carácter siniestro. Las almohadas dispuestas sobre los listones y en el piso —lugares donde ningún niño podría descansar— intensifican esta paradoja.

Cada una de las 21 almohadas lleva impresa una página del informe de 2018 del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, que denuncia la violación sistemática por el Estado de Chile de 13 derechos infantiles. Aunque la ONU recomendó una ley de protección integral para cambiar el enfoque paternalista estatal, su implementación en 2021 no ha mostrado mejoras significativas. A pesar de la nueva legislación, el sistema de protección infantil sigue en crisis: el porcentaje de niños separados de sus familias sin necesidad ha crecido, y la sobrepoblación en residencias persiste (40.6% en promedio nacional).

El Estado ha continuado usando residencias en lugar de fomentar el acogimiento familiar, una alternativa más lenta y compleja, pero más beneficiosa. Diversos estudios, incluyendo uno de Moretti y Torrecilla (2019), muestran que el cuidado familiar —especialmente en familias externas— promueve un desarrollo físico, emocional y neurológico superior en los niños, con mejores resultados en salud y desarrollo socioafectivo en comparación con la vida en residencias.

Mónica Súnico, Colgados. Foto: PCDV

UNIFORMAR CON SILENCIO

La figura del cóndor se reproduce una y otra vez sobre los 52 pijamas de niños colgados en percheros. El ave carroñera representa la responsabilidad ineludible del Estado chileno, que, ya sea por inacción o conveniencia, ha permitido la continua violación de los derechos de la infancia desprotegida.

El cóndor ilustra las cajas de Diazepam que conforman el patrón decorativo de los pijamas, que representan a los cientos de víctimas del sistema que recibieron más de 10 mil dosis de este ansiolítico sin supervisión médica, tal como indica el informe de la ONU en su artículo 85. Uno de esos pijamas podría corresponder a E.A.M., quien recibió erróneamente el medicamento durante más de un mes tras múltiples crisis que sus cuidadores no supieron controlar (Mejor Niñez, 12 de septiembre de 2023).

El nombre del joven en el informe de fiscalización del Servicio Mejor Niñez de septiembre de 2022 permanece anonimizado. El caso ocurrió en la residencia Entre Volcanes, administrada por Aldeas Infantiles SOS, una de las instituciones privadas que colabora con el Estado en el cuidado de menores. La nueva legislación exige que estas organizaciones se reacrediten, lo que debe ser evaluado por un Consejo de cinco expertos, cuyos procesos debían ser publicados. Sin embargo, en los últimos cuatro meses no se ha publicado ningún documento porque el Consejo ha dejado de sesionar, tras la renuncia de tres miembros en junio, lo que impide alcanzar el quórum necesario para las votaciones (Silva, V., 30 de septiembre 2024).

Aunque los consejeros no mencionaron las acusaciones como motivo de su dimisión, su salida puede estar relacionada con un informe de la Comisión de Investigadora del Senado que critica la falta de fiscalización del Consejo, debilitando el Sistema de Protección. Este problema se evidenció en el caso de la Corporación Ayuda a la Familia, cuya acreditación fue polémica. En julio de 2023, El Ciudadano reveló que Gastón Pinochet, su representante legal, había sido acusado de violación a menores, pero el Consejo lo acreditó unánimemente sin evaluar adecuadamente la calidad del servicio, ignorando las advertencias de sus miembros sobre la insuficiencia de la matriz de evaluación.

Mónica Súnico, Hegemonía y Supremacía. Foto: Macarena Ternicien

EL ESTADO DEBE

A través del cristal de sus lentes, los ojos de Mónica nos interpelan punzantes, demandando una mirada capaz de sostener la suya. La artista se desnuda con cada palabra, exponiendo las sombras que la acecharon durante su infancia. Habla del desamparo y el miedo, de la desesperanza y la salvación. Relata cómo silenció el abuso de su abuelo para no dañar a su padre, y fue solo tras su muerte que pudo revelar su secreto. Romper el silencio implicó convertirse en una voz colectiva, vinculando su experiencia con la de miles de otros niños. Por ello, su denuncia se articula con firmeza, exigiendo que el Estado de Chile se haga cargo de la niñez.

La aprobación de tres leyes de protección de la infancia logró apaciguar temporalmente la demanda pública, ocultando las vulneraciones de derechos tras un simple cambio de nombre. La maquinada estrategia hizo que muchos creyeran que la situación había mejorado. Sin embargo, con el tiempo, decenas de reportajes evidenciaron que la realidad era muy distinta. El mandato expresado por Mónica se conjuga en presente, porque el Estado no solo debió asumir sus responsabilidades, el Estado aún debe.

Ad portas de la aprobación de la Ley que armoniza las leyes de protección de la infancia ya aprobadas, recordar estas palabras resulta fundamental, ya que se trata de la última oportunidad legal para activar un mecanismo que ha operado defectuosamente desde su creación. Con la aprobación de la ley que estableció el Servicio Mejor Niñez en 2021 y la ley de Garantías en 2022, se produjo un desorden en el proceso legislativo. El Servicio no debió comenzar a operar sin un mecanismo que garantizara efectivamente los derechos de la infancia, pues contar con un sistema de protección que no contempla la prevención implica que cualquier ingreso al servicio se produce una vez que las vulneraciones ya se han consolidado.

La Ley de Armonización aparece como una luz de esperanza, ya que permitiría fortalecer los mecanismos de prevención y cuidado que actualmente son insuficientes. Esta ley incentivaría la exigencia de mayores estándares de acreditación, haría más efectivos los procesos de fiscalización y establecería planes de acción concretos ante casos de explotación sexual infantil. Además, facilitaría el fortalecimiento de las familias de acogida, poniendo fin al sistema residencial. Iniciativas como esta podrían abordar la problemática de la niñez abandonada desde la lógica del cuidado, promoviendo entornos que garanticen respeto y protección afectiva. Este enfoque se alinea con la cosmovisión mapuche, expresada por Mónica en su Refugio, donde el espacio de cuidado materno se construye sobre un sentido comunitario.

Al salir de la sala, nos reencontramos con aquella ruca, que representa la esperanza en el cuidado. Es un espacio sagrado que puede ser habitado por todos, asumiendo nuestro rol como garantes de los derechos de la niñez. La ruca nos invita a iniciar un proceso de sanación colectiva, conectando con la esencia de nuestro niño interior. Opera como un llamado a reconocer que somos capaces de brindar la contención que alguna vez necesitamos, y que nuestro compromiso con la infancia es fundamental para construir un futuro mejor.


La Vigencia Del Silencio

Autor

Victoria Abaroa Cajiao

Fecha de publicación

04 - 11 - 2024