En las obras de Cristóbal Cea, los chismes y rumores toman forma de monstruos y fantasmas. Objetos escultóricos de resina y un video site-specific que presenta un diálogo entre dos Ewaipanomas conforman un nuevo capítulo en su cuerpo de obra. Esta exploración aborda el desarrollo histórico del cahuineo (chisme), reflexionando sobre su naturaleza e implicancias.


Cristóbal Cea, Gran Cahuín, 2024. Animación 3D site-specific, Full HD. Duración: 12 min 38 seg. Ed: 3 + 2PA. Foto cortesía del artista y galería NAC

Serían las víctimas de un naufragio que llegarían a la sala CCU en 2020. Sin embargo, los personajes de la propuesta expositiva de Cristóbal Cea no lograron desembarcar en la Avenida Vitacura. Criaturas como la Maravilla del mar, una hermafrodita brasileña y el Patonejo (pato + conejo) continuaron su deriva, infiltrándose en algunas de las animaciones del artista.

Dentro del variopinto bestiario del proyecto, el Ewaipanoma, una criatura sin cabeza con el rostro en su pecho, cobró especial protagonismo. Mencionado en las crónicas de Plinio y Walter Raleigh como un habitante de las tierras que luego se llamarían Latinoamérica, esta figura fantástica reaparece en la obra de Cea cuatro años después del rechazo de su propuesta. Esta vez, una pareja de Ewaipanomas se infiltra en la Galería NAC, ocupando la vidriera principal de la galería hasta el 31 de agosto.

Las criaturas habitan un video site specific que crea la ilusión de que la sala se extiende. Este presenta un diálogo sobre sus orígenes, en una obra que pareciera tener múltiples principios. Una impresión que se intensifica mediante su reproducción en bucle durante las 39 horas de funcionamiento semanal de la galería.

En uno de los posibles comienzos, todo es negro, y solo se escucha el canto de unos pájaros. En otro, todo es blanco, interrumpido por la voz de un narrador barítono que reflexiona sobre los confusos orígenes de las criaturas. Acompañada por animaciones de sirenas, tiburones, humanos y Ewaipanomas, la narrativa juega con la constante mutación de sus apariencias, como si se tratara de espectros cambiaformas. Transcurridos los primeros 50 segundos del clip, la imagen se estabiliza y aparecen los dos Ewaipanomas, Gran cahuín y Pequeño cahuín, personajes bien conocidos por quienes siguen a Cristóbal en Instagram.

El Pequeño cahuín pregunta al Gran cahuín por sus orígenes, y ante la falta de respuesta, insiste: «invéntame un consuelo.» El Gran Cahuín accede, lo que da paso a un nuevo comienzo, señalado por la expresión «elogio al cahuín». En ese preciso momento, ambos ewaipanomas pronuncian la frase al unísono, generando una sensación de transición. En este apartado se desarrolla el análisis sobre el funcionamiento de los chismes y rumores, destacando su relación con la posverdad de nuestros tiempos. Cuando el monólogo concluye, el video regresa a la animación inicial, ya sea en negro o en blanco, dependiendo del momento en que se ingrese a la sala.

ALGUNOS CAPÍTULOS DE UNA CRÓNICA ÓSEA

Seis pequeñas esculturas descansan reflejadas en un charco de agua en el centro de la sala, causado por el temporal que había azotado a la ciudad la noche anterior a mi visita. Tal escenario acuoso me pareció una ironía pertinente, considerando lo mucho que Cristóbal ha trabajado con la idea del diluvio universal. En su muestra de 2018 en el MAVI, por ejemplo, animó noticias sobre inundaciones en distintas partes del mundo, obligándose a modelar las tragedias. Esto le permitió desafiar la indiferencia que provoca la repetición, tanto en él mismo como en quienes observan las animaciones.

Este efecto de recuperar la humanidad mediante recursos tecnológicos es transversal en el arte de Cristóbal, cuyos procesos creativos se sustentan en la acción de conjurar. Un concepto con múltiples acepciones que van desde la confabulación hasta la magia, pero que en el caso del artista se remite a esta última. Al referirse a este tema, Cristóbal considera importante distanciarse del concepto de hechizo, un término que asocia con la disonancia cognitiva (paradojas conductuales producidas por el choque de ideas contradictorias). Su definición me impulsó a pensar en sus conjuros artísticos como un contra-hechizo, algo distinto al hechizo pero que lo engloba, compartiendo esa característica mágica de arma intangible.

En la muestra, las piezas objetuales encarnan tales conjuros, configurándose a la manera de pequeñas reliquias arqueológicas. Como si se tratara de vestigios de un pasado desconocido, pero familiar. A medio camino entre ruinas arquitectónicas y restos óseos, estas piezas también invocan al presente aquello que no está. Las inscripciones en dos de ellas provienen de rayados del Estallido Social en Chile. En uno de estos objetos, cuya forma me recordó a la de un húmero, leemos “chúpala Kike Morandé” y “curas AMILF”.

Estas frases no fueron elegidas con una intención específica. De hecho, Cristóbal admite no saber qué significa AMILF.  Su idea era limitarse a traducir los grafitis que cubrían las paredes de Santiago, captando mensajes descontextualizados para los cuales las generaciones futuras encontraran sentidos impensados. De este modo, los huesos se estructuran como capítulos de una crónica ósea, registrando eventos recientes cuya importancia histórica aún no comprendemos del todo.

Cristóbal Cea, Hueso 1 – El problema con Kike, 2024. Resina y dibujo incrustado en relieve. Ed: 1/3. Foto cortesía del artista y galería NAC

Mientras examinaba Hueso #1 – El problema con Kike, le pregunté a la directora de la galería, Nicole Andreu, si me permitía desmontar las piezas de la pared, y ella accedió. Al manipularlas, descubrí que muchas de ellas tienen inscripciones también en su reverso. Me percaté entonces de que, al estar colgadas, las obras ocultan una parte de sí mismas, negándonos la posibilidad de apreciarlas en su totalidad. De esta manera, las piezas, que ya de por sí resultan enigmáticas, se vuelven aún más inabarcables, emulando la naturaleza incompleta y fragmentaria de los rumores que plasman.

Mis manos acariciaban los dibujos grabados en las piezas, sintiendo los surcos que sus trazos dejan en la superficie de resina. Reflexionaba sobre cómo estas inscripciones evocan fisuras en la corteza cerebral, asociando los grabados con recuerdos y memorias. Una de las piezas resuena con el diálogo que se desarrolla en la pantalla adyacente, al mostrar una inscripción que dice: “de la oscuridad venimos, pero de la oscuridad no somos”. Mientras que en el video esta frase es pronunciada por el Gran Cahuín al pequeño cahuín, en la escultura el personaje principal se la dirige a seis acompañantes. La escena, que recuerda a una fogata de campamento, está inscrita en toda la superficie de la pieza como un dibujo extenso.

Cristóbal Cea, Gran Cahuín, 2024. Animación 3D site-specific, Full HD. Duración: 12 min 38 seg. Ed: 3 + 2PA. Foto cortesía del artista y galería NAC

El Ewaipanoma ubicado a la izquierda del objeto sacude un dedo en alto, como quien promulga un discurso. Su dedo atraviesa una porción oscurecida que da forma a una nube de diálogo. Esta carece de contenido textual, pero se encuentra repleta de flechas que parecieran ser los diagramas ilustrativos de una lógica ilógica.

Los flujos irracionales se repiten en cada una de las piezas, pero una de ellas destaca por su diseño redondeado: en Uno se come a otro y así sucesivamente una y otra vez, los flujos parecen conformar un círculo vicioso. Aunque las líneas también se muestran en diversas direcciones, la forma redonda de la pieza crea una delimitación más evidente del flujo. Al igual que las demás piezas de la exposición, esta redondela integra anotaciones manuscritas como “pez grande se come al pequeño” y “¿otra vez la misma dona?”. Frases que se relacionan con la naturaleza depredadora y repetitiva del ciclo cahuinístico.

Una tercera inscripción destaca que “el centro está vacío”, una característica que es evidente en la estructura de la pieza. Sin embargo, este vacío no es solo un atributo tangible, sino también un concepto clave en las obras del artista. Esta idea de vacío es precisamente lo que vincula esta pieza con una sexta obra solitaria ubicada al fondo de la sala:  Forma sin contenido 1 – Gallina Feliz. Esta obra presenta el cadáver de una gallina, un corpóreo vacío. Esta misma imagen, que forma parte del imaginario de Cristóbal, ha sido mostrada en diversas publicaciones de Instagram bajo el nombre de “Gallina proletaria”.

El nombre surge en oposición a la categoría de crianza sostenible que se ha popularizado en el mercado alimentario, funcionando como una estrategia de marketing dentro de una industria cada vez más segmentada. La denominación es incierta, tal y como los productos veganos cuyos ingredientes indican que “pueden contener trazas de huevos y lácteos”. La importancia ya no radica en el producto en sí mismo sino en lo que dice ser mediante su envoltorio.

Me recuerda al antagonista de Toy Story 2, Al McWhiggin, un coleccionista de juguetes obsesivo cuyo único objetivo en la vida es conseguir más dinero. Este personaje ejemplifica el ambiente de consumo personalizado masivo en el que vivimos. La obsesión por productos que se ajustan a nuestras preferencias ha alcanzado tal nivel que ahora se extiende a la búsqueda de personas a través de aplicaciones diseñadas como vitrinas humanas (aka Tinder y Bumble). En este contexto, no hay nada que una modificación al perfil no pueda mejorar.

Cristóbal Cea, La educación de Incitato, 2024. Óleo sobre tabla. Foto cortesía del artista y galería NAC

NUBES COMO CABALLOS, REGIONES Y MUFASA

Manchas azules y grises se conjugaban al interior de ambos marcos como si se tratara de ventanas empañadas por la niebla. Inicialmente, las dos pinturas expuestas en la sala son incomprensibles, pero si las miramos con detención reparamos en que su protagonista es un caballo. En ambos casos se trata de Incitato, el animal favorito del tercer emperador romano, Calígula. Se dice que el mandatario expresó su intención de nombrarlo cónsul de Roma, con el propósito de ridiculizar a las instituciones políticas de la República. Las excentricidades del emperador no se detenían allí, pues Incitato también disfrutaba de sirvientes de cuidado exclusivo y la vida en un pesebre de mármol.

Lamentablemente, la vida del caballo terminó trágicamente cuando Calígula ordenó su ejecución tras perder en una competición de carruajes. Esta parecía ser la primera derrota deportiva de Incitato hasta ese momento, pero el emperador no dudó en mostrar un cambio radical en su comportamiento.

Si bien hasta el día de hoy se debate sobre la salud mental de Calígula, historiadores como Anthony A. Barrett, autor de Calígula, el abuso de poder, proponen que el emperador no sufría de enfermedades psiquiátricas. Según Barrett, su aparente locura fue el resultado del poder desmedido que llegó a tener. La supremacía arrolladora que continúa influyendo en crímenes políticos de la actualidad.

Los caballos neblinosos de las pinturas recuerdan a la pintura San Sebastián por Andrea Mantegna, en la que una nube inscribe la figura de un corcel. Cristóbal ya había utilizado el recurso en el video Horoscopismos, en el que la figura de América Latina se plantea como una nube proyectiva. Un telón de fondo sobre el que bosquejar dibujos representativos de los miedos de los conquistadores.

El fenómeno recuerda a la icónica nube de Mufasa en El Rey León. Una escena en la que Simba se encuentra con la imagen de su difunto padre en el cielo, reconociéndose a sí mismo en él. Independientemente de si el encuentro fue real o se trató de una alucinación no declarada, Simba se encontró con lo que deseaba ver en ese momento.

Frente a las pinturas, el hueso Una mano da la mano alude a un fenómeno similar, pues en su cara oculta (la que queda mirando hacia la pared) se inscribe la frase “una roca que llora, qué milagro”. La figura de una roca capaz de expresar emociones es frecuente en muchas escenas bíblicas y del folklore, reflejando la necesidad intrínseca de los humanos por creer en algo más grande que ellos mismos.

Vuelvo a mirar una vez más para tener una vista panorámica de la sala antes de salir y me percato de dos pequeñas figuras en una esquina de la sala. Se trata de dos huesos rebeldes que, en vez de resignarse a ser colgados junto a los otros, habían decidido escaparse a rastras. Me permito hacer aquí una tercera referencia a Disney, amparándome en el hecho de que las historias de cuentos infantiles están tan llenas de arquetipos como las artes visuales. Las figuras escultóricas marginadas me recordaron a Oogie Boogie, el antagonista del hit cinematográfico noventero El extraño mundo de Jack. Casi al final de la película hay una escena en la que el saco se desarma, dejando escapar un centenar de insectos, revelando que se trataba de una forma sin contenido. Igual que la gallina proletaria.

Más tarde descubrí que se trataba de Dinosaurio corpóreo, otro de los personajes del imaginario de Cristóbal que también aparece, bailando, en algunos de los videos del artista. A veces, los pasos de baile realizados por el corpóreo son generados por el propio Cristóbal o por su esposa, Constanza Alarcón, utilizando un mocap suit, es decir, un traje con electrodos que capturan el movimiento del cuerpo humano y lo transfieren a un modelo digital. Interpreto esta manifestación como una especie de conjuro digital, una forma de exorcismo que permite el enfrentamiento de los temores más profundos. La encarnación tecnológica funciona como un antídoto previamente inexistente, diseñado a partir de la comprensión estratégica de nuestros consuelos quiméricos.

Cristóbal Cea, Dinosaurio corpóreo, 2024. Resina y dibujo incrustado en relieve. Ed: 1/3. Foto: Victoria Abaroa

Náufragos Espectrales

Autor

Victoria Abaroa Cajiao

Fecha de publicación

21 - 08 - 2024